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Chamanismo: Grecia y el mundo clásico

La cuestión del “chamanismo “ entre los antiguos griegos.
Hace ya bastante tiempo que los estudiosos del tema han detectado la existencia de indicios de chamanismo en la Grecia antigua. A los trabajos pioneros de E. Rohde (1973) y de K. Meuli (1935), que los encontró en la épica griega, siguieron los de E. R. Dodds (1951), que halla una gran influencia del chamanismo escita en la evolución de la espiritualidad helénica, y los de M. Eliade (1960), que destaca la presencia en el mito de Orfeo de muchos elementos que se pueden comparar con la ideología y la técnica chamánicas. Este mismo autor señala igualmente la existencia de algunos personajes relacionados con Apolo, como el legendario Abaris o Aristeas de Proconeso, así como otros casos y leyendas -Hermotimo de Clazomenes, Epiménides de Creta- entre las que destaca el trance extático de Er, el panfilio, narrado por Platón al final de su Republica (ver Apéndice IV), que manifiestan todos ellos un contenido típcamente chamánico.

Según Heródoto (IV, 13-15) esta es la historia de Aristeas de Proconeso:

“Por su parte, Aristeas de Proconeso, hijo de Caistrobio, cuenta en un poema épico que, víctima de la posesión de Febo, llegó hasta los isedones; que más allá de los isedones habitan los arimaspos, unos individuos que sólo tienen un ojo; que más allá de estos últimos se encuentran los grifos, los guardianes del oro; y al norte de ellos los hiperbóreos, que se extienden hasta el mar...Ya he dicho de donde era natural Aristeas, el autor del poema en cuestión; pero ahora voy a referir la historia que sobre él oí contar en Proconeso y en Cícico. Según cuentan, Aristeas, que por su linaje no era inferior a ninguno de sus conciudadanos, entró en cierta ocasión en un batán de Proconeso cayendo muerto en el acto; el batanero, entonces, cerró su taller y se fue a dar la noticia a los parientes del difunto. Se había difundido ya por la ciudad la noticia de que Aristeas había muerto, cuando un natural de Cícico, que acababa de llegar de la ciudad de Artaca, se puso a discutir con quienes la propagaban, alegando que se había topado con él de camino a Cícico y que incluso había mantenido una conversación con Aristeas. Y mientras ese sujeto, en medio de la discusión, repetía obstinadamente su relato, los parientes del difunto se presentaron en el batán con los objetos necesarios para levantar el cadáver. Pero, al abrirse la estancia, Aristeas no apareció ni muerto ni vivo. Sin embargo, al cabo de seis años, compareció nuevamente en Proconeso y compuso ese poema épico que hoy en día los griegos llaman Arimaspeas; y concluida su composición desapareció por segunda vez.
Eso es lo que cuentan las susodichas ciudades; pero según pude descubrir personalmente, cotejando las tradiciones de Proconeso y Metapontio, también sé que, doscientos cuarenta años después de la segunda desaparición de Aristeas, a los metapontinos en Italia les ocurrió lo siguiente. Los metapontinos aseguran que en su país se apareció el mismísimo Aristeas, ordenándoles erigir un altar en honor de Apolo y levantar, al lado de dicho altar, una estatua con el nombre de Aristeas de Proconeso. En este sentido les indicó que ellos eran los únicos italiotas a cuyo país había llegado hasta la fecha Apolo y que él, que en aquel instante era Aristeas, le había acompañado, si bien en el momento que acompañaba al dios era un cuervo. Y tras haber dicho esto palabras desapareció.” (TRAD. C. Schrader).

Pausanias (I, 14, 4), por su parte, recuerda a Epiménides:

“Quería yo seguir hablando de esto y explicar lo que hay en el santuario llamado Eleusinion en Atenas, pero me lo prohibió en sueños una visión. Así pues, vuelvo a lo que es lícito escribir para todos. Delante de este templo, donde también está la imagen de Triptólemo, hay un buey de bronce representado como si fuera llevado al sacrificio y una efigie sentada de Epiménides de Cnosos, del cual dicen que habiendo salido al campo, entró a dormir en una cueva y no despertó hasta pasados cuarenta años, después de lo cual hacía versos y purificó, entre otras ciudades, Atenas.” (TRAD. A. Tovar).

Por cierto que Orfeo, que al parecer poseía dotes chamánicas, pasaba por haber sido el introductor de los Misterios de Dionisos, divinidad extática por antonomasia, según distintos testimonios. De acuerdo con el mitógrafo Apolodoro I, 3, 2):

“De Calíope y Eagro, o supuestamente de Apolo, nacen Lino, a quién mató Heracles, y Orfeo, el citaredo, que con su canto conmovía a las piedras y a los árboles; al morir su esposa Eurídice mordida por una serpiente, Orfeo descendió al Hades ansioso de rescatarla y persuadió a Plutón para que la enviara arriba. Este accedió a condición de que Orfeo no volviera el rostro hasta llegar a su casa; pero él, desobedeciendo, se volvió y contempló a su mujer que hubo de retornar abajo. Orfeo instauró los Misterios de Dionisio y, despedazado por las Ménades, fue enterrado cerca de Pieria.” (TRAD. M. Rodríguez de Sepúlveda).

Algo más explícito resulta Pausanias (IX, 30), que, no obstante, intenta racionalizar la leyenda:

“Entre las muchas cosas que los griegos creen sin ser verdad figura la de que Orfeo es hijo de la musa Calíope, no de la hija de Píero, y que arrastra tras sí los animales con su canto y que viviendo aún descendió al Hades a pedir a los dioses infernales su mujer. Yo creo que Orfeo fue muy superior en la belleza de su canto a sus predecesores y llegó a tener tanto poder que se cree de él que inventó la iniciación de las diosas, las purificaciones de sacrilegios, remedios para las enfermedades y medios para desviar la cólera de los dioses.
Cuentan que las mujeres de Tracia tramaron su muerte porque obligaba a sus maridos a que le siguieran en sus viajes, pero que por miedo a ellos no se atrevieron, hasta que dominadas una vez por el vino realizaron su crimen, por lo cual se estableció para los hombres la costumbre de salir a batallar algo bebidos. Otros dicen que Orfeo murió herido por el rayo del dios a causa de haber enseñado en los misterios cosas que nunca los humanos habían oído. Otros cuentan que habiendo muerto antes su mujer, llegó por ella hasta el Averno de Tesprótide, en el que había de antiguo una necromancia, y creyó que el alma de Eurídice le seguía, pero como al volverse vio que no era esto verdad, se suicidó de pena. Dicen los tracios que los ruiseñores que tienen sus nidos sobre la tumba de Orfeo cantan más y mejor que los demás.
Los macedonios que habitan el país de Pieria al pie del monte y la ciudad de Dion dicen que allí sucedió la muerte de Orfeo a manos de las mujeres. Y yendo desde Dion por el camino de la montaña, a veinte estadios hay a la derecha una columna y sobre ella una hidra de piedra en la cual, según los del país, están los huesos de Orfeo.
También hay un río Helicón, el cual, a los setenta y cinco estadios de curso, desaparece bajo la tierra, reaparecen sus aguas a los veintidós estadios y toma el nuevo nombre de Bafiras, que da al mar hecho navegable. Este río, según los de Díon corría al principio todo por encima de la tierra, pero cuando las mujeres que habían dado muerte a Orfeo quisieron lavarse en él la sangre, se hundió bajo el suelo para que su agua no fuese la purificadora del crimen.
También oí en Larisa otra leyenda: la de que en el Olimpo se levantaba la ciudad de Libetra en la parte del monte que mira a Macedonia y que cerca de esta ciudad estaba la tumba de Orfeo. A los de Libetra les llegó un oráculo de Dioniso desde Tracia diciendo que cuando el sol viese los huesos de Orfeo su ciudad sería destruida por un jabalí. Ellos no hicieron gran caso del oráculo, pues no se imaginaban un animal tan grande y poderoso como para destruir su ciudad, ya que un jabalí es más atrevido que fuerte. Pero cuando un dios lo quiso, sucedió que un pastor se acostó a mediodía junto al sepulcro de Orfeo, se durmió, y se puso a cantar en sueños los versos de Orfeo con fuerte y dulce voz. Los pastores y labradores que estaban por allí, abandonaron las tareas, se reunieron a oir el canto del pastor dormido, y como empezaron a empujarse unos a otros y a pelearse por estar cerca del pastor, derribaron la columna y se rompió, cayendo de ella la urna y así vio el sol lo que quedaba de los huesos de Orfeo. En la noche siguiente llovió mucho y el río Sys, uno de los torrentes del Olimpo, destruyó las murallas de Libetra y arrasó los santuarios y las casas, ahogando a los hombres y a los animales todos. Destruida ya Libetra, los macedonios de Díon, según el relato del extranjero de Larisa, trasladaron a su ciudad los huesos de Orfeo.” (TRAD. A. Tovar).

El legandario Abaris, que llegó a Grecia desde el norte hiperbóreo, la patria originaria de Apolo, y poseía el poder de sanar y la clarividencia, volaba por los aires sobre una flecha, símbolo de “vuelo mágico”, según nos recuerda Herodoto (IV, 36):

“Y basta con lo dicho sobre los hiperbóreos, pues no voy a contar la historia sobre Abaris (que por lo que dicen, era un hiperbóreo), según la cual paseó su flecha por toda la tierra sin tomar alimento alguno.” (TRAD. C. Schrader).Abaris

Posteriormente E.A.S. Butterwoth (1966) ha analizado la existencia de un chamanismo pre-olímpico propio de los clanes y jefes que dieron lugar a los reinos micénicos. Este viejo substrato chamánico, cuyo origen, según el autor, podría encontrarse en las prácticas similares de Siberia y el Asia Central se hallaba en la base de algunos de los cultos de clanes que existieron en Grecia durante los siglos XIV y XIII a. C, y habría sido el punto de partida de algunas posteriores divinidades del panteón olímpico, como Poseidón o Hermes, mientras que los mitos recuerdan la existencia de antiguos chamanes, como Tántalo, Perseo, Pélope y Belerofontes. El propio Agamenón estaría muy relacionado con la figura de un chamán.

En la mayoría de los casos este “chamanismo” griego es explicado por influencias externas de pueblos, como los escitas o los tracios. Otras veces se alude a un antiquísimo sustrato común indoeuropeo, compartido, entre otros, por los pueblos de Siberia y la India. Estas explicaciones parecen haber propiciado en los últimos años una revisión negativa del “chamanismo” griego, al que se despoja ahora de muchas de sus principales características que son atribuidas a una tradición local independiente de influjos culturales externos. Aún así, muchos de estos místicos u “hombres santos”, como se les prefiere llamar, hacían “prodigios” que no varían esencialmente de los que realiza el chamán.

Por otro lado, está claro que en la época arcaica griega no se puede hablar con propiedad de chamanes. Ni entonces, ni en la anterior sociedad micénica, las estructuras sociales podrían haberlos integrado fácilmente, aunque siempre quedaba el resquicio para su posible perpetuación, aunque en una posición y función periférica o marginal respeto al conjunto social, de las creencias y prácticas populares, de las que, en general, estamos mal informados. La pregunta clave, por tanto, en este debate debe encaminarse a saber si empleaban también técnicas similares a las de los antiguos chamanes y si estás podían haberse conservado, aunque readaptadas, en el marco del palacio micénico o de la polis arcaica.

Algunos mitos griegos.
Un asunto muy distinto es que los mitos y leyendas griegas recogan indicios de lo que parecen viejas prácticas chamánicas. En el mito de Tántalo, éste es castigado por Zeus por haber sustraido la ambrosía y el nectar, la comida y bebida de los dioses, de los banquetes divinos para dárselos a los hombres y por haberles ofrecido a su hijo Pélope, cortado en trozos y condimentado, para poner a prueba su clarividencia. Los dioses, no obstante, reconstituyeron el cuerpo de Pélope y lo devolvieron a la vida. Pero, ¿en que consistía la comida y bebida de los dioses que confería la inmortalidad?. Que sepamos ha sido R. Graves (1994: 61 ss) el primero en sugerir que el alimento de los dioses, tal y como rezaba el dicho popular, era en realidad un tipo de hongo visionario, lo que explicaría de paso la micofobia de los antiguos griegos, al ser convertido en tabú por los sacerdotes de la religión olímpica. De esta manera el mito, en sus distintas versiones, recoge los ecos atávicos de un chamanismo primitivo que resulta finalmente integrado en el universo religioso de la ciudad, depurado también mediante un control estricto de sus originarias prácticas extáticas y visionarias.

De Perseo y su posible relación con un hongo visionario ya hemos hablado en otra entrada. He aquí lo que Apolodoro (II, 3) nos dice de Belerofontes, otro de los héroes míticos griegos que realizó un vuelo de ascensión:

“Belerofontes, hijo de Glauco, hijo de Sísifo, después de matar involuntariamente a su hermano Delíades —al que algunos llaman Pirén y otros Alcímenes—, llegó ante Preto, quien lo purificó. Pero Estenebea se enamoró de él y le envió propuesta para un encuentro; como éste rehusara, ella dijo a Preto que Belerofontes le había hecho proposiciones infames. Preto lo creyó y entregó a Belerofontes una carta para Yóbates, en la que había escrito que le diese muerte. Yóbates, después de leer la carta, le ordenó matar a la Quimera, esperando que la fiera acabaría con él, ya que no era fácil de dominar por muchos y menos por uno: tenía la parte anterior de león, la cola de dragón y en medio una tercera cabeza de cabra por la que arrojaba fuego. Devastaba la región y destruía los ganados, pues era una sola criatura con la fuerza de tres animales. Se dice también que la Quimera había sido criada por Amisodaro, y así lo asegura también Homero, y que había nacido de Tifón y Equidna, según relata Hesiodo. Belerofontes, montado en Pegaso, caballo alado nacido de Medusa y Posidón, elevándose por los aires, asaeteó desde allí a la Quimera. Después de este lance, Yóbates le mandó combatir contra los sólimos, y una vez cumplida esta tarea, le ordenó luchar contra las amazonas; y como también las aniquilara, Yóbates escogió a los licios sobresalientes por su valentía, y les encargó que lo mataran tendiéndole una emboscada. Pero cuando todos ellos hubieron sucumbido a manos de Belerofontes, Yóbates, admirado de su fuerza, le mostró la carta y lo invitó a quedarse junto a él; además de entregarle a su hija Filónoe, al morir le legó el reino.”

F. Díez de Velasco (1992) ha puesto de relieve, en un estudio mucho más reciente sobre el carácter iniciático de la aventura de Teseo en el Laberinto, como el personaje de Dédalo, dotado de unos poderes no habituales que incluyen la capacidad de efectuar el vuelo místico, al igual que los mencionados Abaris y Epiménides, se relaciona con ese substrato de chamanismo griego, integrado por prácticas extáticas o místicas propias de los tiempos anteriores al sineicismo y formación de la ciudad y que, difícilmente comprensibles en su totalidad hoy en día, formaban parte de la vida de los griegos e incluso de los mecanismos de estructuración de su sociedad.

Tambien la célebre Sibila de Cumas parece haber pertenecido a una destacada familia relacionada con el cahamanismo. Era hija de Glauco, personaje mítico directamente vinculado con toda una serie de tradiciones relativas a plantas de carácter maravilloso y que poseía algunas de las cualidades más típicas de un chamán, ya que se decía que podía precedir el futuro, y que tras comer la hierba maravillosa de las Islas de los Bienaventurados, uno de los paraisos griegos, que había sido sembrada por Cronos y que daba a los caballos de Helios el vigor necesario oara volar por los aires, había adquirido el don de la inmortalidad.

Especial interés tiene el mito de Erictonio (Wagner, 1984: 51 ss). Este personaje, mitad hombre, mitad serpiente, era el hijo adoptivo de Atenea, de quién se ha sugerido igualmente conexiones chamánicas (Butterworth, 1966: 160ss). Su padre había sido Hefaistos, el dios que fue expulsado del Olimpo por su propia madre, Hera, a causa de su deformidad congénita. Este último rasgo es particularmente interesante, ya que como observa M. Eliade, muy frecuentemente las taras físicas son interpretadas como signo de una predestinación de los dioses o los espíritus hacia el futuro chamán.

El mito continua de una forma especialmente reveladora; expulsado del Olimpo Hefaistos cae en el Oceáno. Ahora bien, como se creía que el Océano rodeaba todo el mundo habitado, tanto él como sus hijas, las Oceánides, señalaban la última frontera, mñás allá de la cual se extendía el otro mundo. Por ello Océano y las aguas simbolizan el tránsito a la muerte, el camino hacia el Hades. También Glauco y su inmortalidad está asociada con el mar. Hefaistos cae, pues, en direcció a la muerte, lo que recuerda muy de cerca los ritos de iniciación chamánicos presididos por la muerte y la resurrección simbólicas. Posteriormente, Hefaistos, salvado por las hijas de Océano, se venga de su madre enviándola un trono de oro que la aprisiona con invisibles cadenas, lo que parece una alusión a los poderes mágicos del dios deforme, que en su fragua fabricaba toda suerte de objetos mágicos y maravillosos, como el propio rayo de Zeus, o la “copa del Sol” en la que Heracles cruzó el Océano hasta Eritia, hogar de Gerión.

Es muy significativo el hecho que que, finalmente, la reconciliación, se produzca por la mediación de Dionisos, el dios extático por excelencia, así como que el hermano del propio Hefaistos fuera Ares, otra divinidad de la posesión y del éxtasis. Asi que Hefaistos, el dios del fuego, aparece relacionado con Dionisos, como en los textos védicos se relacionan Agni y Soma. Por cierto, que se decía que Dionisos había nacido de un rayo (Apolodoro, III, 4, 3), la misma forma en que se creía nacían los hongos:

“Zeus enamorado de Sémele yació con ella a escondidas de Hera. Zeus prometió conceder a Sémele lo que le pidiese, y ella, engañada por Hera, pidió que se le presentase tal como había ido al desposorio con la diosa. No pudiendo negarse Zeus llegó al tálamo en un carro entre relámpagos y truenos y lanzó el rayo. Sémele murió de terror, y Zeus, arrebatando del fuego el feto de seis meses, lo cosió en su muslo. Después de morir Sémele las otras hijas de Cadmo divulgaron el rumor de que su hermana había tenido relaciones amorosas con un mortal y que Zeus lo había fulminado por haberlo calumniado. A su debido tiempo Zeus deshizo el cosido y nació Dionisio, que fue confiado a Hermes.” (TRAD. M. Rodríguez de Depúlveda).

Tras este primer nacimiento, Zeus cobijó a Dionisos en su muslo, de igual forma que uno de los Upanishads védicos más antiguos recoge que los dioses tomaron a Soma y lo pusieron dentro del muslo de Indra, el supremo dios celeste. Agni, el dios de la iluminación mística y el fuego sagrado, que era también identificado con Soma, nació igualmente de un relámpago que Indra lanzó hacia la tierra.

Por lo demás, Hefaistos es el herrero arquetípico. además de divinidad del fuego, y en todas partes herreros y chamanes han estado siempre estrechamente relacionados ya que, como señala también Eliade (1960: 361 ss): “el oficio de herrero viene, por su importancia, inmediatmente después de la vocación del chamám...su poder sobre el fuego, y especialmente la magia de los metales, les ha conseguido en todas partes a los herreros la reputación que tienen de temibles hechiceros.”

Todo parece indicar que el padre de Erictonio, el hombre-serpiente, era un poderoso chamán (Wagner, 1984: 51). Su relación con las plantas mágicas y sus efectos está atestiguada por su vinculación con Dionisos, y por el hecho de haber sido padre también de Egipto, del que se decía que era la tierra de las drogas. El mismo Erictonio está sociado al extásis en la locura que produjo a sus hayas cuando, desobedeciendo a Atenea, abrieron el canasto en el que estaba encerrado, según nos cuenta, entre otros, Apolodoro (III, 14, 6) que, no obstante, racionaliza la leyenda:

“A Cránao lo desterró Anfictión, que ocupó el trono; unos dicen que era hijo de Deucalión; otros que era autóctono. Después de reinar doce años fue a su vez expulsado por Erictonio. Según unos éste era hijo de Hefesto y de la hija de Cránao, Atide; según otros de Hefesto y Atenea, como sigue: Atenea se presentó ante Hefesto para que le fabricase armas, pero él, que había sido abandonado por Afrodita, se enamoró de aquella y empezó a perseguirla. Aunque Atenea huyó, él con gran dificultad (por su cojera) consiguió acercarse e intentó poseerla. Atenea, que era casta y virgen, no cedió, y Hefesto eyaculó en la pierna de la diosa, quien, asqueada, limpió el semen con lana y lo arrojó a la tierra. Cuando huía del semen caído al suelo nació Erictonio. Atenea los crió a escondidas de los demás dioses con el deseo de hacerlo inmortal. Lo puso en una cesta y se lo encoméndó a Pándroso, hija de Cécrope, prohibiéndole abrirla. Las hermanas de Pándroso por curiosidad la abrieron y vieron una serpiente enroscada en el niño. Unos dicen que murieron atacadas por la misma serpiente, otros en cambio que enloquecieron por la cólera de Atenea y se arrojaron desde la Acrópolis. Erictonio fue criado por la propia Atenea en el recinto sagrado y, tras expulsar a Anfictión, llegó a reinar en Atenas.” (TRAD. M. Rodríguez de Sepúlveda).

Las serpientes en relación con un contexto herbario de magia y prodigios estan presentes en otros muchos mitos. Según el mito Dionisos había descubierto el vino al observar a una serpiente comer las uvas. Tiresias habia experimentado una transmutación de sexo gracias a la intervención de unas serpientes, según nos refiere Ovidio (Met., III, 316ss.):

“Decidieron consultar el parecer del sabio Tiresias; conocía éste los dos aspectos del amor pues con un golpe de su bastón había maltratado los cuerpos de dos grandes serpientes que estaban en cópula en la verde selva, y, convertido, cosa prodigiosa, de hombre en mujer había pasado así siete otoños; al octavo vio de nuevo a las mismas serpientes y dijo `Si el poder de los golpes que recibís es tan grande que hace que se transforme en su contraria la naturaleza de quien os los da, voy a heriros también ahora´. Una vez apaleadas las mismas culebras reapareció su forma anterior y vino su figura natal.” (TRAD. A. Ruiz de Elvira).

La relación entre la serpiente y los primitivos trances extáticos viene sugerida por el hecho bien conocido de que las divinidades y sacerdotisas preolímpicas aparecen a menudo asociadas a estos reptiles, en ocasiones ejecutando algún tipo de culto a un árbol sagrado, cuando no cuentan incluso con un consorte/serpiente.

Roma.
Indicios de la existencia de un substrato chamánico, relacionados con determinadas creencias de ultratumba y de viajes al Infierno, han sido rastreados por W. Muster (1948) en el mundo etrusco. Sin embargo, los romanos, de creer a Dionisio de Halicarnaso (II, 19, 2), se habrían distinguido de los restantes pueblos de la Antigüedad por ser sus prácticas religiosas mucho más circunspectas, al menos hasta la introducción de las Bacanales tras la Segunda Guerra Púnica:

“Y nadie podría ver entre los romanos, aunque sus costumbres están ahora corruptas, ni éxtasis divinos, ni transportes coribánticos, ni colectas religiosas, ni bacanales, ni ritos mistéricos, ni vigilias nocturnas de hombres con mujeres en templos, ni ningún otro engaña semejante, sino que todo lo relativo a los dioses se hace o se dice de manera circunspecta, como no se hizo entre griegos ni bárbaros”. (TRAD. E. Jiménez y E. Sánchez).

No obstante, al norte de Roma, sobre el monte Soracte, en territorio falisco, recibió en un tiempo veneración Sorano, divinidad subterránea que posteriormente llegó a a identificarse con Dis Pater. Su culto corría a cargo de los Hirpi Sorani, que constituían un colegio de sacerdotes-lobo cuyo ritual se caracterizaba por ejecutar una danza descalzos sobre un lecho de carbones encendidos. Como veremos más adelante el lobo aparece asociado al mundo subterráneo, morada de los espíritus de los muertos. Y la insensibilidad de los danzantes evoca la insensibilidad al dolor, sobre todo al producido por el fuego, característica de muchos trances chamánicos. La estrecha semejanza que guardaba este ritual cono el de Apolo Lykeios sugiere igualmente una conexión con el chamanismo.

1 comentario:

Cristian dijo...

Todo lo vinculado con los países me interesa y sobre todo sobre su historia y hechos que ocurren allí. Con educatina suelo conseguir muy buenos datos de historia tanto nacional como de países vecinos y por eso me sirve a la hora de hacer mis trabajos


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