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Los textos antiguos III: Solanáceas

Además del cañamo y la adormidera otras plantas con efectos sobre el psiquismo eran conocidas por los antiguos, especialmente del muy difundido género de las solanáceas. Tal fue la mandrágora (Mandragora officinarum), que contiene alcaloides como la hiosciamina, la atropina y la escapolomina. Su raíz es de aspecto antropomorfo y es la única parte de la planta que tiene efectos psicoactivos. Era utilizada como un anestésico en Egipto (Kamal, 1965: 288-289), donde aparece en un relive de Amenofis IV así como en algunas pinturas murales de varias tumbas tebanas de la Dinastía XVIII (Emboden, 1981). Según parece era la planta didi que mencionan algunos textos del Imperio Nuevo, aunque sobre esto existe cierta discusión. En el Papiro Leiden (I-383) se encuentra un fórmula que, administrada con vino, era utilizada como un potente inductor del sueño.

También era utilizada en la medicina asiria, como se desprende de las tablillas cuneiformes encontradas en la biblioteca del palacio de Nínive (Thompson, 1949, Budge, 1978) y formaba parte de ungüentos destinados a obtener la protección de los dioses (Labat, 1950). Dioscórides (De mat. med., III, 77; VI, XVI) dice que provoca un sueño profundo y letárgico. También afirma que se usa, al igual que el eléboro, como un remedio contra la melancolía. Sus efectos como narcótico son citados por Aristóteles (De somno, 456b), Demóstenes (Filip., IV, 6), Aristófanes (Cab., 96, 114), Apuleyo (Met., X, 11) y Teofrastro. Este último (Historia Plantorum, IX, 8, 8) proporciona una curiosa descripción de las precauciones, relacionadas con prescripciones mágicas, que deben tomarse en su recogida:

“Muchas otras cosas similares se dicen. Por ejemplo respecto a la mandrágora, que hay que trazar tres círculos a su alrededor con una espada y que hay que cortarla mirando en dirección a Occidente. Que cuando se corta el segundo trozo, hay que danzar en torno a ella y decir muchísimas retahílas en torno al amor carnal.” (TRAD. J.Mª Diaz-Regañon).

Jenofonte, prolífico literato griego, discípulo del filósofo Sócrates, pone en boca de alquel (Symp., II, 24) lo siguiente:

“También a mí me parece muy bien el beber, amigos, pues en realidad el vino al regar las almas adormece las penas, como la mandrágora hace con los hombres.” (TRAD. J. Zaragoza).

Tampoco pasaron desapercibidas las propiedades y efectos del beleño negro (Hyoscyamus niger), planta que contiene alcaloides como la hiosciamina, la atropina y la escopolamina, aunque en menor proporción que otras solanáceas. Es mencionado en el Papiro Ebers y fue conocido también en Mesopotamia donde, además de por sus aplicaciones medicinales, era utilizado por los babilonios y asirios como alucinógeno. Bajo sus efectos, sacerdotes y adivinos hacían profecias y los “hombres santos” veían visiones. Los persas lo utilizaron como sedante, analgésico y abortivo (Bundahisn, 4, 20). Con solo variar la dosis se convertía en un potente inductor de trances extáticos. Podía hacer enloquecer, como afirma Jenofonte (Oecom., I, 2):

“...a no ser que estemos dispuestos a afirmar que es un bien el beleño, que vueleve loco a los que lo comen.” (TRAD. J. Zaragoza).

y provocaba sueños pesados, por lo que se le tenía por muy peligroso. Se le conocía con nombres como apollinaris herba y uaticina herba. De sus propidades nos hablan, además, Plinio (Nat. His., XXV, 35, 77, cfr: XXV, 30 y XXIII, 94) y Disocórides (De mat. med., VI, 15).

También era conocido el estramonio (Datura stramonium), cuyos alcaloides son la escopolamina, la hioscimina y atropina, y que aparece mencionado en textos egipcios y fue ampliamente utilizado por los hechiceros y exorcitas de la Antigüedad, de donde pasó a formar parte de uno de los ungüentos más utilizados por la brujeria del Medioevo. Teofrastro (Hist. Plant., IX, 8, 6) habla de sus poderosos efectos y de su utilización para curar ciertos males de la psique:

“La especie que origina locura y que unos llaman estramonio y otros perittón tiene una raíz blanca, hueca y de un codo aproximadamente de longitud. De ésta se le da al enfermo una dracma, si se presenta con aspecto festivo y se considera así mismo persona excelente; pero, si esta loco de remate y padece alucinaciones, hay que darle dos dracmas, pero, si no cesa en su insania, tres, y dicen que hay que mezclar con esta cantidad jugo de centaurea salonitiana.” (TRAD. J.Mª Diaz-Regañon).

El mismo autor (Hist. Plant., IX, 12, 1 ) se vuelve a referir a ella en otro lugar de su obra:

“En lo referente al espíritu, el estramonio, como se dijo antes, trastorna la mente y provoca la locura...”

Dioscórides (De mat. med., IV, 75), por su parte, afirma que bebida con vino una dracma (3, 2 gr.) de su raíz provoca imagenes vanas y agradables a los sentidos, si se dobla la dosis provoca enajenación y locura durante tres días, y si se la cuadruplica, la muerte.

La belladona (Atropa belladonna), otra solanácea psicoactiva, fue bien conocida en Mesopotamia y en el mundo clásico. Sus alcaloides son la atropina y, en menor medida, la escopolamina. Teofrasto (Hist. plant., VI, 2, 9) parece confundirla con la mandrágora:

“De las otras plantas, algunas se parecen a éstas, hasta cierto punto, en que tienen el tallo hueco; tal, por ejemplo, la mandragora, la cicuta, el heléboro y el asfódelo. Unas tienen el tallo más o menos fibroso, cono el hinojo, el acónito y otras semejantes a éstas. El fruto de la mandrágora es peculiar porque es negro, semejante a un racimo y de gusto parecido al vino.” (TRAD. J.Mª Diaz-Regañon).

La confusión de Teofrasto resulta ciertamente curiosa, ya que era, entre otras cosas, un experto y reputado botánico que dirigió el Liceo tras la muerte de Aristóteles en el 322 a. C.. Es cierto que en ocasiones plantas muy distintas podían tener un mismo nombre genérico. Él mismo lo advierte al hablar del strykhnos (Hist. plant., VII, 14, 4):

“...que es nombre genérico de plantas muy distintas. Está la variedad comestible y cultivada, que tiene un fruto parecido a una baya, y hay otras dos: una que puede provocar sueño y la otra demencia, y, si se sobrepasa la dosis produce la muerte.” (TRAD. J.Mª Diaz-Regañon).

Teofrasto está hablando aquí de tres tipos de solanáceas. La comestible es seguramente el Solanum villosum, la que produce el sueño podría ser la Whitania somnifera o tal vez la Solanun somniferum, de la que Dioscórides (IV, 57) nos refiere que bebida con vino un dracma de la corteza de su raíz provoca el sueño pero más delicadamente que el opio, y que no es otra que la belladona, mientras que la que produce la locura puede tratarse del Solanum nigrum L. Por otra parte, el libro noveno de su Historia de las Plantas, que recoge el contenido de la perdida farmacopea de Diocles, presenta algunas divergencias de lenguaje y de nomeclatura de las plantas debido, posiblemente, a los obras consultadas para su elaboración. Tampoco debe descartarse la posibilidad de que hubiera llegado hasta nosotros no el texto original de Teofrasto, sino una reelaboración parcialmente abreviada.

Dioscórides afirmaba que aquel que bebía el extracto de la cantidad de belladona que cabía en un dracma entraba en estados de locura y tenía ciertas imaginaciones muy agradables que sabía entender como si se tratase de sueños nocturnos.

Otra solanácea psicoactiva, la hierba mora, era también conocida. Se trata de una planta, o mejor dicho de dos. La Solanum villosum, que suele confundirse a menudo con la Solanum nigrum, de la que el mismo autor dice que engendra la locura. Su principio activo es un glucoalcaloide, la solanina. De ella Plinio afirma que son suficientes algunas gotas de su zumo para perturbar la razón y cuenta que era utilizada antigüamente por los griegos:

“Según dicen, la dosis de un dracma provoca imaginaciones lascivas, visiones fantásticas que parecen reales; una dosis doble una verdadera locura; y cualquier dosis mayor, la muerte”.

Teofrasto, por su parte (Hist. plant., IX, 11, 4) tambien las menciona:

Tanto con la expresión “hierba mora” como con la palabra “lecherina” se designan parejas homónimas, pero que tienen varias formas. De las dos plantas llamadas “hierba mora”, una infunde sueño, la otra insania. La que infunde sueño tiene la raíz, cuando está seca, roja como la sangre, pero, nada más arrancarla es blanca. Su fruto es más rojo que el azafrán, su hoja es como la de la lecherina o la manzana dulce; es, además, áspera y su altura es de cerca de un pie. Machacando bien la corteza de su raíz y remojándola en vino puro se da a beber para infundir sueño. Se cría en las corrientes de agua y en los sepulcros.” (TRAD. J.Mª Diaz-Regañon).

Por último, la lechuga silvestre (Lactuca virosa), una solanacea muy común, de cuyas hojas secas y del cocimiento de sus troncos se obtiene un hipnótico cuyo efecto es proporcional a la cantidad de vegetal reducido. Calma la excitación nerviosa y provoca el sueño. El látex seco, también llamado lactucario u opio de lechuga, posee efectos semejantes al opio sin ninguno de los inconvenientes de éste. No produce, al contrario que el opio y sus derivados, estreñimiento, inapetencia, trastornos vasomotores, o dependencia. Dioscórides (De mat. med., II, 125) señala en este sentido que su virtud es análoga a la de la adormidera, ya que mitiga el dolor y provoca el sueño, por lo que era frecuente mezclarla con el meconio:

"Bebida la simiente de la lechuga, es útil a los que sueñan continuamente sueños muy lujuriosos y refrena los apetitos venéreos".

Teofrasto (IX, 8, 2) se refiere a ella como mekonion, denominación griega en clara alusión al opio, en un contexto en el que no puede más que tratarse de lactuca virosa. En el Cáucaso y el Turquestán la lactuca virosa es una planta de los derviches, quienes consumen su látex puro o mezclado con hashish para tener visiones y entrar en trance.

2 comentarios:

JPLB dijo...

BUENÍSIMO.......SIEMPRE ES SANO TOMAR CONOCIMIENTOS EN SU ORÍGEN

Carlos G. Wagner dijo...

¡Muchas gracias!, me alegra que le haya gustado.


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