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Trances y visiones extáticas en la Prehistoria

En una cueva de Shanidar, en el norte de Iraq, se ha documentado un enterramiento de neanderthales (Solecki, 1975) en el que los arqueólogos que realizaban las excavaciones descubrieron, junto al cadaver de un individuo adulto masculino, grupos de polen de ocho clases de plantas, de las cuales al menos siete poseen valor medicinal, y una de ellas, ephedra, contiene un conocido y activo estimulante nervioso, la efedrina. ¿Simple casualidad o nos encontramos ante uno de los primeros casos conocidos de un herbolario con conocimientos de plantas de virtudes medicinales y mágicas?. Lamentablemente la pregunta quedará sin respuesta.

Muy lejos en el tiempo y la geografía, pero aún en un contexto prehistórico, en Balfarg, Fife (Escocia), los arqueologos han encontrado semillas y concentraciones de polen de beleño negro adheridos a fragmentos de un recipiente cerámico procedente de una cultura neolítica local que ha sido fechada entre el 3700 y el 2610 a. C. (Moffat, 1993). Ya que esta planta no es muy propia de estas latitudes ha tenido que ser traída deliberadamente, aunque su posible utilización ritual, dado lo pequeño de la muestra disponible, ha suscitado el debate y una crítica muy adversa (Long ea, 2000). Hay que señalar, por consiguiente, que es preciso ser cauto con la interpretación del registro arqueobotánico de los enteógenos (Guerra Doce y López Sáez, 2006: 8) ya que la sola presencia en un nivel arqueológico de restos de alguna de estas plantas no implica necesariamente su utilización en un contexto ritual.

Otros casos, sin embargo, aunque menos evidentes pueden resultar igualmente sugestivos. La idea de que el uso de alucinógenos ha podido ser la fuente de inspiración para algunas formas del arte prehistórico, particularmente ciertos dibujos o grabados en piedra, tiene ya algunos años. Las investigaciones arqueo-etnobatánicas en zonas de Siberia oriental, en el Cículo Artico, han documentado una serie de petroglifos que se remontan al neolítico local con curiosas representaciones de hongos, entre las que destacan las de mujeres que llevan largos y ornamentados pendientes circulares y van tocadas con un gran hongo a modo de sombrero que parece una amanita muscaria (Dikov, 1979).

Más antiguos aún son los testimonios propuestos por G. Samorini (1992) procedentes del Sahara y con una antigüedad de unos 9000 a 7000. Se trata de una serie de escenas polícromas sobre roca en Argelia (Tassili), Libia (Tadrart Acacus), Chad (Ennedi) y Egipto (Jebel Uweinat) con escenas que han sido interpretadas como evidencia de un primitivo culto a los hongos alucinógenos, entre las que destacan las de ofrendas de hongos y la presencia de personajes con máscaras (¿chamanes?) que sujetan lo que parecen hongos en una danza ritual. Otra escena presenta la adoración a dos antropomorfos tocados con cuernos y una tercera figura, detrás suya, tiene la apariencia de un gran hongo.


Trances y visiones extáticas.
Basándose, sobre todo, en la evidencia procedente de otros contextos culturales bien estudiados, como los actuales San de Sudáfrica, L. Lewis-Williams (1991) y T. Dowson (1988) han desarrollado la teoría de que el arte parietal del Paleolítico Superior en Europa representa las visiones, normalmente imagenes de formas geométricas obtenidas en el interior del ojo sin necesidad de estímulos externos y técnicamente llamadas fosfenos, producidas en estado de trance que ellos creen inducido por alucinógenos. Los fosfenos son tambien conocidos por experimentos neuropsicológicos, estando también presentes en el arte chamánico.

Aunque ha suscitado muchas críticas, también R. Bradley (1989) y J. Dronfield (1995) la han adoptado para explicar el origen del arte megalítico, o al menos el de inspiración no naturalista, con su profusión de diseños complejos que sugieren imágenes entópticas, de Irlanda y la Bretaña francesa. De acuerdo con este último, el análisis del arte irlandés de las tumbas megalíticas, cuya estructura podía proporcionar un entorno muy adecuado, como es la oscuridad profunda, para estimular los estados de trance por medio de la privación sensorial, el asilamiento y la presión emocional, revela una serie de imágenes y visiones subjetivas que han podido ser causadas por trances extáticos, en los que, junto a una estimulación luminosa intensa y síndromes neuropatológicos, los psicoactivos vegetales habrían desempeñado un importante papel. El diseño de algunas de las tumbas permitía, en ciertas ocasiones del año, la entrada de una luz exterior muy fuerte. A falta de pruebas concretas, el autor sugiere, a partir de la comparación de las imágenes analizadas, la posible utilización de un hongo visionario como el psilocybe.


De forma mucho más crítica esta teoría ha sido también utlizada como una simple hipótesis de trabajo a tener en cuenta que tal vez pueda explicar, si bien solo parcialmente, algunas carácterísticas del arte prehistórico de Galicia, como son los símbolos situados en el interior de los monumentos megalíticos, los de las paredes internas de las citas funerarias de inicios de la Edad del Bronce, así como los petrogrífos al aire libre, donde también estan presentes los fosfenos (Vázquez Varela, 1993). Pero el punto débil de esta teoría radica en que aún no se ha demostrado su relación directa con plantas alucinógenas en la Prehistoria, aunque los paralelos etnográficos resulten muy convincentes, por lo que tales imágenes entópticas, aunque hayan sido realmente producidas por estados de trance, pueden obedecer a otros modos muy distintos de estimulación.

En un sentido similar, G. S. McCall ("Add shamans and stir?. Critical review of the shamanism model of forager rock art production", Journal of Anthropological Archaeology, 26, 2007, pp. 224-233), si bien considera valiosa la aproximación de Lewis-Williams para comprender el significado y el contexto social del arte rupestre San surafricano, se muestra crítico desde un punto de vista teórico y empírico con que el chamanismo sea un fenomeno universal en este tipo de sociedades y pueda explicar cualquier forma del arte rupestre, por lo que concluye: "The production of rock art is afected by many short-term and local contingencies, but rock art afects human behavior at scales beyond human lifetimes. The accumulation of rock art on landscapes represents a long-term, inter-generational process. Therefore, this paper has argued that the content of rock art at regional scales is easier to relate to the durable and persistent cosmological structures of forager societies than to the variable, flexible, and transitory social practices of shamanism (p. 231).

En un contexto diferente, W. Belardi (1996) ha sugerido, a partir de la relación del nombre griego de la planta, belenion, con el dios galo Belenos que había sido asimilado con Apolo por sus virtudes curativas, la difusión en la Europa céltica de la Edad del Hierro de la iluminación extática por ingestión de los alcaloides del beleño en el ámbito del culto a la divinidad solar. El carácter solar de Apolo justificaba su nombre galo, sobre todo teniendo en cuenta que en lengua célta belos significa “claro”, “resplandeciente”, aunque tal “claridad” no ha de referirse sólamente al aspecto físico del Sol, sino, también, y sobre todo, a una iluminación resultado de visiones interiores.

El registro arqueobotánico de los enteógenos en España.Aunque son muchos los lugares donde han aparecido restos de adormidera, fundamentalmente semillas, que no contienen alcaloides, solo podemos estar seguros de su utilización en un contexto ritual en dos casos. En la Cueva de los Murciélagos de Albuñol (Granada) donde en un contexto neolítico fueron depositadas entre los ajuares funerarios cápsulas y semillas de papaver somniferum, y en el yacimiento argárico de Rincón de Almendricos (Murcia) en el que los restos de adormidera aparecieron en el interior de un pithos que habría que relacionar con algún ritual relacionado con los enterramientos del lugar (López Saez y Guerra Doce, 2006: 12 ss).

Estudios fitoquímicos han detectado la presencia de hiosciamina, un alcaloide frecuente entre algunas solanaceas, en el interior de diversos recipientes, en el abrigo de Pedra Cavada en Gondomar (Pontevedra) en un contexto del IV milenio, en un vaso campaniforme con trazas de cerveza de la cueva sepulcral de Calvari d´Amposta (Tarragona), en un recipiente cerámico en una fosa funeraria de la Edad del Bronce en Prats (Andorra), así como en un kernos encontrado en la tumba de un guerrero en la necrópolis vaccea de La Rueda (Valladolid) junto a restos de fauna y vestigios de sustancias aromáticas que habían sido quemadas (López Sáez y Guerra Doce, 2006: 18). La hipótesis de un banquete fúnebre en el que se habría consumido algúna bebida alucinógena parece bastante probable en este último caso, de igual forma que el hallazgo del vaso campaniforme catalán refuerza la teoría de Sherrat (1991) que relaciona este tipo de vajilla con el consumo ritual de alcohol y drogas enteógenas.

En la isla de Mallorca muy recientemente ha podido identificarse un pequeño ámbito ritual en el que se procesaron grandes cantidades de efedra (Ephedra fragilis). El contexto arqueológico ha sido identificado en los restos arquitectónicos del Bronce Final de Son Ferrer (c. 1100-850 a.C) que se salvaron tras la construcción de un turriforme escalonado. Los restos cerámicos asociados a esta actividad, gran vasija, recipiente con asas mediano y copa, sugieren una preparación y un consumo ritualizado de la Ephedra, cuyo principio activo, la efedrina, tiene poderes euforizantes, similares a los que proporcionan las anfetaminas, entre otros, apariencia de claridad mental y supresión de la sensación de cansancio (V. Guerrero ea, Prehistory of the Balearic Islands. Archeological Record and Social Evolution before the Iron Age, Oxford, 2007, B.A.R. (I.S.), p. 275)

Por último, en el yacimiento ibérico de Mas Castellar en Pontós (Gerona) se han decubierto, dentro de un recinto ritual, que se ha interpretado como un santuario de Demeter y Perséfone, restos de esclerocios de claviceps purpurea como residuo del cáculo dental de una mandíbula humana y junto a restos de cerveza y levadura en un pequeño recipiente (E. Pons ea, "El yacimiento ibérico de Mas Castellá de Pontós (Girona). Análisis de algunas piezas significativas", Los iberos, príncipes de Occidente. Las estructuras de poder: Saguntum, extra 1, 1998: 62). Algunos investigadores (J. Juan-Tresserras, "Estudi dels residus orgànics per a la identificació de possibles ritus i ofrenes", Mas Castellar de Pontós (Alt Empordà). Un complex arqueològic d`epoca ibèrica (Excavacions 1990/1998), Gerona, 2002: 448 ss) consideran que esta presencia del cornezuelo obedece a su comsumo deliberado como enetógeno, lo que refuerza la hipótesis de ser el ingrediente secreto del kykeon eleusino (López Saéz y Guerra Doce, 2006: 13) del que trataremos más adelante.

2 comentarios:

El llano Galvín dijo...

Me he quedado asombrado con los fosfenos; nunca había oído hablar de que esas representaciones geométricas sin un significado definido hoy en día pudiesen ser imágenes surgidas de un estado de trance. Francamente me parece una postura muy interesante.
Un saludo!

Carlos G. Wagner dijo...

Ciertamente es una hipótesis muy sugestiva, pero también hay que tener en cuenta que los fosfenos no se originan solo como consecuencia de estados de trance, por ejemplo, basta con apretarse los ojos cerrados con cierta fuerza.

Saludos


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