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Los textos antiguos VI: Pócimas y ungüentos. Hongos psicoactivos

Una pócima de efectos piscoactivos era el llamado “oleomiel”, procedente, según parece, de Siria y que según cuenta Dioscórides (De mat. med., I, 29) dejaba atónitos a quién la tomaban, hasta el punto que era necesrio despertarlos frecuentemente para impedir que cayeran en letargo. Se trata, sin duda, de un narcótico que nos resulta imposible identificar. Plinio (Nat. Hist., XIV, 103) por su parte menciona que los frigios usaban un brebaje en las ceremonias extáticas de adoración a Cibeles elaborado a partir de las semillas del pino.

En muchos de los jardines de los templos de Egipto se cultivaban árbustos de balanitas (Balanita aegiptiaca), considerado por los antiguos egipcios como un árbol sagrado, de frutos azucarados. Con la pulpa de su embrión se podía preparar una bebida fermentada. Parece además bastante seguro que estos árboles, a diferencia de los de los huertos comunes, tenían, sobre todo, una utilización litúrgica. Pero ir más allá de estos datos sería caer en el terreno de las especulaciones. Pócimas vinosas de efectos psicoactivos fueron conocidas por los egipcios, griegos y romanos, pero de ellas hablaremos en otro lugar.

También los ungüentos constituyeron frecuentemente otra forma de aplicar sustancias psicoactivas para que generaran su efecto. Como muy bien dice D. Becerra Romero ("Las formas habituales de consumir drogas en la Antigüedad a partir de la obra de Porfirio De abstinentia", Faventia, 28, 2006, pp. 74 ss.) ): "Por lo que se refiere al segundo método, la unción, una vez más Apuleyo nos sirve de clave para conocer la notoriedad de este tipo de creencias, que también recoge por la misma época, con algunas variantes, Luciano. Así, para poder metamorfosearse en ave y acudir junto a su amado, tanto Pánfila como la mujer de Hiparco deben de untarse con un ungüento que permitirá la transformación en el animal deseado (Apul. Met. III, 21; Luc. Asin. 12). El posterior error en el robo de la mixtura hará que el personaje de Lucio, protagonista de la ficción, sea transformado en burro. Curiosamente aunque ni Apuleyo ni Luciano recogen el método de untura salvo para comentar que debía de ser completo de los pies a la cabeza, la forma más lógica de emplear dicho preparado sería en aquellas partes del cuerpo más sensibles al contacto con este tipo de preparados, como siglos más tarde lo harían las brujas modernas especialmente durante los siglos XV y XVI, es decir en la región axilar o genital.

Con total probabilidad, este tipo de conocimiento arrancaría de etapas anteriores como parece desprenderse de los ancianos saberes de Dipsas, capaz igualmente de transformarse en ave y volar en la oscuridad de la noche (Ov. Am. I, 8, 1-20), aunque aparentemente no medie ninguna clase de unto. También en un pasaje del Satiricón de Petronio (138) puede rastrearse esta clase de creencias, concretamente en los párrafos que hacen referencia a Encolpio, que, ayudado por la vieja Proselenos y de la mano de la «sacerdotisa» Oenotea, es untado con un ungüento, muy probablemente de propiedades mágicas, en zonas corporales más sensibles a este tipo de preparados. En el siglo III este tipo de recursos debió de continuar siendo bastante común al menos entre algunos brujos, como describe Filóstrato (VA. II, 36; V, 12), entre cuyos métodos de actuación para modificar el curso del destino —además del contacto con los espíritus, la realización de sacrificios o la recitación de alguna salmodia— se encontraba precisamente el empleo de este tipo de ungüentos, del que incluso señala algunos de sus efectos. Como harán sus hermanas del Medievo y del Renacimiento, entre los ingredientes que integrarían la fórmula de la unción debieron de encontrarse principalmente plantas solanáceas como la citada mandrágora y el beleño, Hyoscyamus niger L., cuyos alcaloides propician la sensación de vuelo, transformación, sueño prolongado y amnesia que se menciona en los textos. De hecho, las propiedades intoxicantes de esta última planta tampoco escapó a la atención de los habitantes del mundo antiguo; baste recordar las palabras de Plutarco (Mor. III, 694A) cuando, ante el comentario de Trifón sobre si la mezcla del vino y la yedra embriaga, opina que: «…no es verdad, pues la impresión que produce en los bebedores no la llamaría uno embriaguez, sino agitación y enajenamiento, como hace el beleño y otras muchas plantas parecidas que perturban la mente», aspecto que sigue corroborando siglos después Isidoro de Sevilla (Etym. XVII, 9, 41)."

Hongos psicoactivos.
También se conocian los efectos de algunos hongos psicoactivos, aunque sobre esta cuestión los textos antiguos son mucho más reservados. Los griegos, por ejemplo, sabían de las propiedades de un hongo relacionado con el roble al que se le reputaba provocar estados de clarividencia (Antífanes, frag., 227), sin que podamos establecer su identificación segura. En otros casos las alusiones son más veladas o indirectas. Tal ocurre con la cizaña (Lolium temulentum ) que según Aristóteles (De somno, 456b 29) era un somnífero que provocaba una pesantez análoga a la que producían algunos vinos, y a la que se denominaba como “planta de la locura”. Los autores latinos tampoco desconocían sus propiedades, y así en una comedia de Plauto (Miles glor., 315-323) un personaje le dice a otro que debe haber comido cizaña, pues ve cosas que no están allí. Plinio (Nat. Hist., XVIII, 44) señala por su parte que el pan preparado con harina contaminada de cizaña produce vértigo.

Ahora bien, la cizaña, que es una especie de variedad silvestre de la cebada, no posee por si misma ninguna propiedad psicoactiva. Pese a ello, Andrés Laguna, señala que mezclada en el pan y comida de esta forma emborracha y da vértigos, por lo que había que limpiar de ella el trigo antes de molerlo. Estos efectos son producidos, en realidad, por el cornezuelo (Claviceps purpurea) que puede llegar a infestar la planta, y a partir del cual A. Hofmann sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico, más conocida por su nombre en clave de laboratorio: LSD-25. Este pequeño hongo, conocido también como ergot o tizón, parasita toda suerte de gramíneas así como el pasto silvestre (Paspalum distichum) y la cizaña, y posee una gran complejidad química. Contiene una mezcla de alcaloides. Unos, como la ergovina o la amida del ácido lisérgico, son alucinógenos y de escasa toxicidad, mientras que otros, como la ergotamina y la ergotoxina, son venenos mortales. Sin embargo, los alacaloides de propiedades psicoactivas, al contrario que los otros, son hidrosolubles, lo que convierte su utilización en algo muy sencillo.

Los antiguos griegos parecen haber estado al tanto de las propiedades de este hongo. Según una tradición que recoge, entre otros, Ovidio (Met., XIII, 900 ss.), la transformación de Glauco, un humilde pescador de Antedón, en un genio marino se habría debido a la ingestión de un pasto de efectos prodigiosos. Además Glauco parece terner conexiones con algunos personajes de la literatura védica, como Yama, el primer mortal, cuyo padre era Vivasvant, especialmente conectado con los rituales del fuego y de Soma y cuyo mensajero era Agni, así como con Gandharva, un demonio protector de la Fuente de la Inmortalidad, la divina fuente de Soma. Por otra parte, en las leyendas persas y orientales Khadir se parece mucho al genio marino griego Glauco: "The reason for his name Khadir or Khidr, "Green," is variously explained: in 'Umarah's version he is so called because the earth becomes green wherever his feet touch it (p. 145; cf. p. 111). Aufond he is the same as Glaucus of Anthedon. Both obtain immortality by chance; to both it becomes a weary burden, and they find comfort in helping mankind; both are wanderers, associated with the sea; and both have the same name, for Khadir practically = Glaukos. We may add that both have erotic associations, since in (a) we find Andreas seducing a princess, and the amours of Glaucus were many and notorious. Now in these stories we may see some main points agreeing with those of the Gandharva-saga. In (a) we have as motif: a great king seeks the Water of Life, but is forestalled and baulked by a servant, who appears in (b) in an erotic role and again in (d) as a wandering divine benefactor of mankind, especially connected with waters and lakes and named " Green Man ". This is surely an echo of the legend of the Gandharva, on the one hand as guarding the Soma against the God, and on the other hand as a generally benevolent but erotic spirit of fertility associated with waters and travelling to and fro for the welfare of the world.
... It is obvious that the group of legends which I call the Glaucus- saga is, in the form in which it has reached us, removed longo intervallo from the primitive Indo-Iranian story. But between the two cycles there are so many points of likeness that it seems necessary to conclude that they were originally identical." (L.D. Barnett, "Yama, Gandharva and Glaucus", Bulletin of the School of Oriental Studies, University of London, 4, 4 (1928) pp. 715 ss).

Algunos mitos helénicos relacionan a los hongos con los orígenes de una ciudad o población. De acuerdo con Ovidio (Met., VII, 312 ss ) una tradición de este tipo se refería a Efira, primitivo nombre de Corinto:

“Por fín alcanzó, gracias a las alas viperinas, Efira la Pirénide. Los antiguos solían decir que allí, en los primeros tiempos, de hongos formados por la lluvía surgieron cuerpos humanos”.

Se decía que esta ciudad había sido fundada por Sísifo (Apolodoro, I, 9, 3):

“Sísifo, hijo de Eolo, fundó Efira, ahora llamada Corinto, y se casó con Mérope hija de Atlante. De ellos nació Glauco, quién engendró en Eurímede a Belerofontes, el cual mató a la ignífera Quimera.” (TRAD. M. Rodríguez de Sepúlveda).

Hijo de Eolo o del viento, quería decir tambien “inspirado”, ya que tradicionalmente el viento simboliza un rapto hacia el otro mundo. Así, también según el mito griego, Oritya fue raptada por el Boreas, el viento del norte - al que en ocasiones se representaba teniendo, en vez de pies colas de serpiente (Pausanias, V, 19, 1)- cuando se encontraba recolectando flores y plantas silvestres en compañía de su amiga Farmakeia. Sísifo fue célebre por su astucia, tal vez fruto de esta inspiración sobrenatural, y aparece en conexión con toda una serie de tradiciones en las que la magia desempeña un destacado papel, como cuando engaña y encadena al mismo genio de la muerte, Tánatos, que Zeus le había enviado para castigarle. Sus proezas, que le permitieron escapar del Hades, son una mezcla de técnicas mágicas e inspiración.

También Perseo, que había matado a la Gorgona Medusa provisto de una hoz, que más que un arma es un instrumento de herbolario, se relaciona a través de un hongo con la fundación de Micenas, como narra Pausanias ( II, 16, 3):

"Cuando Perseo (después de la muerte accidental de Acrisio) volvió a Argos, avergonzado porque todos conocían su homicidio, convenció a Megapentes hijo de Preto de que le cambiase su reino, y entonces en el de éste, porque allí se le cayó la contera de la espada y lo interpretó como signo de que debía edificar una ciudad.
También oí que una vez que tenía sed, hubo de arrancar de la tierra una seta y broto agua de la que bebió, y satisfecho, puso a la ciudad el nombre de Micenas.” (TRAD. A. Tovar).

La misma Medusa ha podido simbolizar un hongo visionario, como veremos, más adelante. Su mirada provocaba paralisis (¿estupefacción?) y de su cabeza cortada nació un caballo alado, Pegaso, sobre el cual Perseo, cual un chamán sobre su espíritu auxiliar, realizó un vuelo de ascensión celeste.

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