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Los enteógenos

He preferido, dada la proliferación de términos cuyo significado es parcialmente el mismo, algunos antiguos y hoy francamente en desuso, como “psicofármos”, “alucinógenos”, “psicotrópicos”, “psicomiméticos” o “psicoactivos” y otros de acuñación mucho más reciente y de significado más próximo a la realidad que pretenden explicar, como enteógéno (literalmente: “dios generado dentro”), utilizar a menudo el viejo vocablo griego farmakon, en su doble sentido original de droga poderosa capaz de sanar pero también de matar, no sólo el cuerpo sino también la mente de acuerdo con la unicidad original en que eran concebidos. Para clarificar más la cuestión vendrá bien recordar que allá por los años veinte del pasado siglo el Dr. L. Lewin, al que se considera fundador de la psicofarmacología, clasificaba las drogas psicoactivas en euforizantes, que engloban el opio y la cocaína, phantastika o inductores de ilusiones de los sentidos, como el cáñamo, enebrantes, como el alcohol, hipnópticos y excitantes.

A. Hofmann, el químico responsable del descubrimiento accidental del LSD en los años treinta, y desde entonces un entusiasta investigador de los enteógenos, retoma esta clasificación en analgésicos y eufóricos (opio, cocaina), sedantes y tranquilizantes (reserpina), hipnóticos (kavkava) y alucinógenos o psicomiméticos (peyote, cáñamo, etc). Muchas de estas sustancias solo modifican el estado de ánimo, pero las del último grupo inducen cambios profundos en la percepción de la realidad, incluidos espacio y tiempo, y pueden llegar a provocar despersonalización. Si su efecto es el de trasladarnos a una realidad, que se percibe más auténtica que el mundo habitual, una dimensión cargada de profundo significado religioso e impregnada de un sentimiento de lo sobrenatural, entonces se trata de un enteógeno.

Este término, un neologismo cuya paternidad procede de C. P. Ruck, ha sido acuñado para definir con mayor exactitud la acción provocada por ciertos farmaka en aquellos que los ingerían en el curso de ciertas ceremonias que constituían el núcleo de muchos cultos mistéricos en la Antigüedad. La experiencia que provocaban difiere radicalmente del sueño narcótico causado por el opio o de la exaltación jubilosa que suele inducir el cannabis, también utilizados ritualmente con fines religiosos por los antiguos. Por el contrario, bajo el efecto de un enteógeno, el sujeto se mantiene despierto mientras perdura su influencia, inmerso en una experiencia que le será difícil explicar con palabras habituales. Un trance místico (un psiquiatra preferiría denominarlo “excursión psíquica”) que le produce un tremendo impacto anímico y espiritual y que le aporta un tipo de certidumbre que por ninguna otra vía de conocimiento, salvo el duro camino emprendido por los ascetas, es posible alcanzar.

Una clasificación más reciente basada en una amplia investigación etnofarmacológica es la realizada por J.L. Díaz ("Sacred plants and visionary consciousness", Phenomenology and the Cognitive Sciences, 2010, 9, 2, pp. 159-170):

"(1) hallucinogens—psilocybin mushrooms, mescaline cacti, dimethyltryptamine snuffs, and the synthetic ergoline lysergic acid diethylamide induce strong perceptual changes, affective intensification, and cognitive enhancement. Their ethnobotanical uses include long lasting divination rituals, prophecy, and sacramental practice.
(2) Trance-inducers—ergoline Convolvulaceae and South American Banisteriopsis produce quietness, abstraction, lethargy, mild sensorial and cognitive changes, and salient visual imagery changes used in trance rituals and specific divination practices.
(3) Cognodysleptics—marijuana (tetrahydrocannabinol) and other terpene-containing plants induce changes in thought, imagination, and affective functions and are used in short-term divination or oneiromancy.
(4) Deliriants—tropane-containing Solanaceae, wild tobacco, and Amanita muscaria (muscimol) induce a delirium characterized by dim and clouded consciousness, stupor, confusion, disorientation, perception distortion, difficulties in recollection, anxiety, irritability, excitation, and behavioral disorganization employed in sorcery, purification, or exorcism rituals".

2 comentarios:

Anita Botángel dijo...

Hola Carlos Wagner, me encantan tus publicaciones... No soy muy conocedora de estos temas y quisiera saber en qué libros o de dónde has sacado la información de los enteógenos, me interesa principalmente lo que dice Hofmann y su clasificación de los enteógenos. Muchas gracias por compartir y aportar con estos temas tan interesantes.

Carlos G. Wagner dijo...

Muchas gracias por tus palabras. Encontraras toda la bibliografia que deseas en la sección de bibliografia de este mismo blog, arriba en el menú horizontal.

Saludos


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