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El Soma y los rituales védicos

Las propiedades extáticas de algunos hongos nos lleva a tocar el tema de las bebidas rituales entre los indoeuropeos y de paso a formular algunas preguntas que la gente común y los estudiosos han obviado durante mucho tiempo, ¿Porqué algunos pueblos son micófobos, mientras que otros se muestran decididamente micófilos?. ¿Reside la explicación a este hecho en algún profundo tabú cultural?. De se así, ¿está relacionado con los hongos alucinógenos o visionarios?, ¿Tuvo la religión algo que ver con todo ello?.

Tales preguntas nos situán en los comienzos de la investigación sobre los enteógenos, iniciada por R. Gordon Wasson y su esposa, de origen ruso, Valentina Pavlovna, al advertir la actitud diametralmente opuesta de sus respectivos compatriotas hacia los hongos, lo que atribuyeron a poderosas razones culturales. Pero fue el descubrimiento de un culto actual a los hongos en México lo que les llevó a ampliar sus pesquisas y a rodearse de un grupo interdisciplinar de cualifícados colaboradores, como el químico A. Hofmman, el botánico R. Schultes, el micólogo D. Heim, C.A.P. Ruck, experto en cultura y literatura griega clásica o S. Kramrisch, una especialista en sáncristo y experta vedista. Juntos y por separado han producido numerosas obras y han dado a luz el hasta ahora inadvertido mundo de los enteógenos.

Los indoeuropeos.
Los indoeuropeos eran gentes, procedentes de las estepas situadas entre las montañas del Cáucaso y el Mar Caspio, aunque algunos investigadores sitúan su primitivo hogar en la Siberia occidental y la estepa de Kajastán, que hablaban una serie de lenguas emparentadas, practicaban una economía predominantemente pastoril, dedicándose también a la cría del caballo y a una agricultura a pequeña escala y estaban organizados en familias, clanes y tribus. Los largos desplazamientos, con sus familias y bagajes, les habían acostumbrado a un tipo de vida en el que la guerra constituía una actividad casi cotidiana. Conocían el bronce y su arma favorita era el hacha. Sus jefes procedían de una aristocracia guerrera y a su muerte eran enterrados bajo grandes túmulos redondos que reciben el nombre de kurganes. Estos enterramientos se suceden en la región de los valles bajos del Volga y el Don desde el 4400 al 2000 a. C.

Por causas desconocidas a lo largo del tercer milenio algunos de estos grupos indoeuropeos se pusieron en marcha, ya que los encontramos en Ucrania y los Balcanes. Atravesaron las llanuras de la Europa central llegando hasta las riberas del Rin. Desde los Balcanes y el Cáucaso penetraron en Grecia y en el Asia Menor (Anatolia), unas veces de forma violenta y otras pacífica, dando lugar a la formación de las culturas micénica e hitita. Poblaciones indo-arias que se habían escindido del grupo indoeuropeo de los iranios, y procedentes de las riberas del Volga, avanzaron hacia el 1900 a. C rodeando el mar Caspio por el Norte y el Este, para asentarse, al S.E. del mismo, en la llanura de Gurgán, al norte de la meseta irania. Posteriormente, en una fecha que no podemos precisar, y expulsados probablemente por los nómadas de la región, se pusieron de nuevo en marcha, desplazándose, unos, hasta alcanzar el norte de Mesopotamia y Siria, donde se mezclaron con las poblaciones hurritas y semitas, mientras otros tomaban la dirección opuesta, llegando finalmente a la India.

Soma y Rig Veda.
Este último grupo, cuya lengua era el védico, un antecesor del sánscrito clásico, preservó sus tradiciones orales en una colección de 1028 himnos denominada Rig Veda cuya compilación literaria data del año 1000 a. C. o un poco más tarde. En medio de un complejo panteón encabezado por Indra, destaca la presencia divina de Soma, una deidad y una planta de la que se extraía una bebida sagrada que producía la iluminación espiritual, entre otros dones. Como ha destacado W. Doniger O`Flaherty (cit. G. Wasson, 1968: 95): “De hecho, si uno acepta el punto de vista de que la totalidad de la práctica mística de la India, a partir de los Upanishads y a través de los métodos más mecánicos de yoga, es meramente un intento de reemplazar la visión conferida por la planta del soma, entonces la naturaleza de esa visión y de esa planta, es el fundamento de la totalidad de la religión hindú, y todo aquello con una naturaleza mística dentro de esa religión es pertinente a la identidad de la planta:”

Los himnos védicos celebran las virtudes del Soma, que conceden sabiduría e inmortalidad, una iluminación especial y el encuentro con los dioses. Se trata, en definitiva, de un brebaje divino:

“Ojalá esta libación del Soma pueda ser agradable a Mitra y a Varuna, a fin de que la beba con delicia; es un brebaje divino y del que convine participen los dioses; ojalá que todos los dioses puedan aceptarlo hoy con satisfacción: !oh poderosas divinidades!, haced lo que os pedimos, aceptad nuestros votos, vosotras que sois siempre fieles” (Rig Veda, XIX, 3, 4. TRAD. J.B. Bergua).

Su ingestión provoca una experiencia que proporciona la certeza de la inmortalidad, una experiencia en la que se “llega a la luz, alcanzando a los dioses” y que proporciona inmunidad contra la malevolencia y la perfidia humanas.

De acuerdo con la evidencia que proporciona el Rig Veda, el Soma es al mismo tiempo una divinidad, una planta sagrada y la bebida que de ella se extrae. Como divinidad se le invoca al igual que a los restantes dioses:

“Quiera el benevolente favor de los dioses aplicarse a nosostros; ojalá podamos obtener su amistad y que ellos se dignen concedernos una larga vida. Al recitar un texto antiguo, invocamos a Bhaga, Mitra, Aditi, Daksha, Ashridi, Aryaman, Varuna, Soma y a los Asvins. !Quiera el bondadoso Saravasti concedernos la dicha!”. (Rig Veda, XIV, 5, 2-3. TRAD. J.B. Bergua).

del que se esperan los mismos dones:

“Soma, concédenos una prosperidad más que suficiente para cien hombres, y una gran cantidad de alimentos que dan la fuerza. Que los adversarios de Soma, que nuestros enemigos, no puedan dañarnos: Indra, danos un alimento abundante. Soma, tu que eres inmortal y que resides en una morada excelente, se favorable a tus súbditos cuando a su cabeza, en la sala de los sacrificios, los veas ocupados en adorarte.” (Rig. Veda, VIII, 8, 8. TRAD. J.B. Bergua).

Incluso se le dedican enteramente algunos himnos en los que se le identifica con Indra y los restantes dioses, se alude a su sacrificio así como a los dones que procura, entre ellos, la inmortalidad:

“Soma, nuestra inteligencia te comprende enteramente; tu nos llevas por un camino recto; merced a tu dirección Indra, nuestros padres consiguieron la opulencia.
Soma, tú eres aquél que practicas las buenas obras; estás dotado de potente energía y todo lo conoces; provocas lluvía bienhechora por efecto de tu grandeza; guía de los hombres, las ofrendas de los sacrificios te han sustentado.
Tus actos, !oh Soma!, son como los del real Varuna; tu gloria es fgrande y profunda; cual el bien amado Mitra, todo lo purificas, y como Aryaman, tú aumentas todas las cosas...
Soma, tú eres el protector, el soberano de los hombres piadosos y hasta el vencedor de Vritra; tú eres el santo sacrificio.
Soma, tú que te complaces recibiendo alabanzas y que eres el dueño de las plantas, eres para nosostros la vida; si tú quieres, no moriremos.
Concede, Soma, a quien te adora sea joven o viejo, riquezas para que pueda gozarlas y vivir.
Defiéndenos, real Soma, contra todos los que tratan de perjudicarnos; el amigo de un ser como tú no puede nunca perecer...
Soma, concédenos riquezas, aleja las enfermedades, procúranos el sustento, sé para nosostros un amigo excelente.
Soma, reside gozoso en nuestros corazones, como el ganado en abundante pasto...
Que el zumo lechoso se deslice en tu derredor; que las ofrendas y el vigor se concentren en el destructor de sus enemigos; concédenos el cielo, Soma, el alimento excelente que nos otorgue la inmortalidad... (Rig Veda, XIV, 7. TRAD. J.B. Bergua).

De la información que proporcionan los Vedas se deduce que, una vez secadas, las plantas de Soma se humedecían con agua para hacerlas aumentar de volumen de nuevo y entonces se les prensaba o se les machacaba en morteros:

“Indra, cuando la piedra de larga base se eleva para exprimir el jugo del soma, ven y toma parte de la bebida preparada en el mortero.
Indra, en la ceremonia en la que los dos lebrillos pueden contener el jugo, tan anchos como las caderas de una mujer, ven a tomar tu parte en la bebida preparada en el mortero...” (Rig Veda, VI, 5, 1. TRAD. J.B. Bergua).

Este acto de machacar las plantas con piedras se repite en los textos védicos en numerosas ocasiones:

“Para ti (Vayu) es para quien los zumos del soma, purificados por las piedras que machaca la planta, y vestidos con un esplendor digno de envidia, corren hacia su receptáculo; este soma revestido de un esplendor brillante, se te ofrece por ser el que te corresponde entre los hombres y entre los dioses...” (Rig. Veda, XX, 2, 2. TRAD. J.B. Bergua).

De esta forma el jugro sagrado era exprimido:

“El copioso jugo del soma, exprimido por las piedras y contenido en las cucharas, está preparado para tí (Indra). El es la bebida de Indra; aplaca tu apetito y fija enseguida el pensamiento sobre la riqueza que debe sernos concedida”. (Rig. Veda, X, 4, 9. TRAD. J.B. Bergua)

Después de filtarse a través de una fina tela de algodón o de un vellón lanoso, su jugo ocre, mezclado con leche o cuajadas, se bebía en el curso de las ceremonias religiosas presididas por los brahamanes:

“Las vacas blancas beben el dulce jugo del soma así vertido, y ellas están asociadas al generoso Indra: ocupando pacientemente sus establos, esperan la soberanía. Deseando tu contacto, esas vacas, coloreadas de diversos tintes, deslíen con su leche el dulce jugo del soma...” (Rig Veda, XIII, 11, 10-11. TRAD. J.B. Bergua)

“Los zumos del soma, vertidos en nuestras ceremonias y traídos por sacerdotes, están preparados para vosotros dos; estos jugos puros están preparados ya !oh Indra y Vayu!, estos jugos poderosos han pasado, para vosostros dos, a través del filtro obliquo; los zumos del soma que se os han destinado atraviesan el vellón lanoso; los jugos del soma son inagotables”. (Rig Veda, XX, 2, 6. TRAD. J.B. Bergua).

“Venid a nuestro sacrificio, Mitra y Varuna; exprimimos con piedras el zumo del soma; este jugo, mezclado con leche; inspira la alegría; venid a nuestro lado, divinidades reales, que residís en el Cielo y que nos protegéis; este jugo ha sido mezclado con leche para ofrecéroslo, Mitra y Varuna, es puro y está mezclado con leche.
Venid, porque el zumo del soma que cael del filtro está mezclado con cuajo; ya lo preparemos para vosostros al nacer la aurora, o bien lo reunamos con los rayos del Sol, lo vertemos para Mitra y para Varura, con objeto de que, asistiendo al sacrificio, beban la dulce libación.
Se macera para vosostros con piedras esta planta llena de jugo y semejante a una vaca abundante en leche; se exprime con piedras el zumo del soma; venid hacia nosostros, como nuestros protectores; sed con nosostros para beber el jugo del soma, este jugo que ha sido esparcido opara vosostros dos, Mitra y Varuna, y que ha sido vertido poara que lo bebais” (Rig Veda, XX, 4. TRAD. J.B. Bergua)

A menudo Soma, que también es la personificación de la luna, va acompañado por Agni, el dios del fuego y los textos védicos utilizan toda una serie de epítetos como, “no-nacido, unico-pie”, y otros que señalan su color y lo asocian metafóricamente con el bramido de los toros o la columna del cielo, pero jamás mencionan sus hojas, raíces o flores, cosa extraña al tratarse de una planta.

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